viernes, 3 de junio de 2016

NO PERDEREMOS LAS FLORES por Susana Frigerio


Pierdo las flores, que venía guardando
Para celebrar a la mujer de hierro
Que enarboló su verdad y su libreto
Con la furia de diez mil sabuesos.
Vuelvo mi mirada hacia este mundo,
De pobres almas que naufragan
Y se insertan, como pálidos fantasmas,
A la regresión de las muletas.
Vuelvo a sonreír, cuando me indican
Que calle mi sollozo, que es justicia.
Que las penas y los ríos se deslizan
Por ese ínfimo camino. Su estandarte
liberó los grillos, las cadenas …¡Pobre
Patria mía! Inmaculada sea su raíz
¡Virgen altiva !
La máquina del tiempo nos dejó a la vera
De la luna espesa. Un conjuro siniestro
Consagró la salmodia de la hechicera,
Y puso en marcha el cambio nefasto de la senda.
Subyugada ya, la mujer que el equilibrio intenta,
Deja pacer sus lágrimas de frío
Sobre las piedras.
Y la pesadilla se torna encrucijada.
El sueño que nunca se acaba de soñar,
Donde se violan los ríos, las montañas,
Los espesos bosques y las doradas playas.
Una y mil veces vinieron por la América latina.
Una y mil veces rompieron su corazón de india.
Los voraces buitres, aves de rapiña,
Derraman sobre el continente, oleajes de mentiras.
Negras, carniceras,
Dilapidan su ignominia,
Sobre las fronteras de esta tierra mía.
Pero, ha llegado la hora de los Pueblos,
Y el ansia de libertad germina
Y se expande,
Desde Brasil a Bolivia,
Desde Ecuador a Argentina.
Lo susurran las ramas de los árboles,
Acompasando al viento.
Repiten las voces, el aletear de aves
En gritos y tañidos de campanas.
Resuena en el cielo de valles y llanuras
En el torrente claro de todas las alturas,
Por donde el agua engendre clamorosas cascadas.
Y en la pureza blanca de la leche,
Se escucha en el mugido de las vacas.


Entre las dolientes ruinas
Que quieren recrearnos
Aquellos, que de la Patria claudican,
Se alzan nombres como dardos
Que ideales reivindican.
Los ideales sublimes de San Martín y Bolivar.
Lula, Evo, Maduro, Dilma,
El Mercosur y Correa
Libertad y soberanía
Y, en mi Nación, CRISTINA
¡Cristina! ¡Cristina!