viernes, 7 de octubre de 2016

El alma bella, el ciudadano y el proceso analítico



El alma bella, el ciudadano y el proceso analítico.

Miércoles 20 de febrero de 2013por José Eduardo Tappan Merino
 El psicoanálisis intenta comprender el poliédrico espíritu humano, para ello se sirve de sus manifestaciones, como lo son los síntomas, los sueños, incluso aquello que se refiere a la res política, ya que son fenómenos complejos productos de lo más esencial del espíritu humano. Los hombres en cualquier circunstancia crean relaciones de poder.
 La teoría psicoanalítica es pertinente y suficiente para comprender algunos aspectos de lo político, pero especialmente de aquellos acontecimientos que refieren a fenómenos de carácter estructural, más que a los que son efecto de condiciones coyunturales o locales. Baste recordar que la mirada psicoanalítica coincide con la perspectiva la teoría crítica, que busca escudriñar las maneras en que los hombres perciben y representan su vida y sus circunstancias, la manera en que se gobierna y gobiernan, conformando lo que llamamos su ser en un contexto con el que transita su existencia.
 Este ensayo intenta dar cuenta de estas circunstancias que son efecto de las manifestaciones del espíritu y que posteriormente se revierten, como si fueran ajenas e independientes de él; alterando la percepción de lo que es nuestra responsabilidad, en nuestra existencia pero también en el mundo. Ya que estas proyecciones son percibidas como exteriores, sin embargo, es claro que cada cabeza es un mundo, pero en todos los casos ¿son mundos distintos? es decir, ¿no hay criterios comunes que guíen nuestra existencia? o bien, ¿qué es aquello que norma la manera en que percibimos nuestras circunstancias? Desde luego la teoría psicoanalítica me obliga a diferenciar forma y fondo, advirtiendo que el fondo únicamente es accesible al interrogar a la forma, es descartando aquello que podemos considerar contingente que arribamos a lo necesario, es a partir de la función que comprendemos la estructura, como nos los muestra la herencia de Radcliffe-Brown en la antropología británica al incursionar en el análisis de las sociedades no occidentales. Pero como sabemos la condición humana también llamada esprit human, es mucho más que una estructura, aunque no es poco lo que se presenta en el plano estructural. Cada Sujeto se encuentra sumergido e interactuando en condiciones sociales e históricas específicas, mucho de lo que son sus posibilidades y límites tienen que ver con el plano en que se encuentra y el horizonte que se despliega delante de él que tienen que ver con la edad, género, clase social, instrucción, filiación étnica, idiomas, época, país, etc. Como nos advertía Lévi-Strauss las dimensiones estructurales son advertidas a partir de los accidentes, es a partir de éstos que inferimos la substancia, que es lo que lo que atiende la teoría psicoanalítica.
 Sin querer forzar la propuesta psicoanalítica ni ampliar sus propios alcances, cabría la pregunta de qué permite al Sujeto a posicionarse de manera diferente en su existencia, entendemos que esos cambios conllevan necesariamente a confrontar su forma de vida, es decir, sus metas, sus valores, su cultura, su expectativa, sus ideales, la relación con los otros y con el mundo etc. Un cambio que se encuentra dirigido por el sentido de responsabilidad subjetiva comandada por la verdad del deseo, que lo lleva a revisar los distintos resortes que han influido y quizá determinado sus decisiones: los prejuicios, la desinformación, las certezas, los miedos, las inhibiciones, los arrebatos, etc. Es decir, dar cuenta de aquellos factores que han dirigido, quizá sin saberlo, su vida. En este sentido y como efecto de éste mismo mecanismo de determinaciones derivadas de los contextos sociales, culturales e históricos en los que se desenvuelve, es que debe analizar la responsabilidad subjetiva que tiene en cada una de las elecciones que ha hecho, que como efecto en cascada influyen sobre el horizonte que constituyen sus decisiones actuales. Ese es el hilo que dirige esa tarea analítica, ver la responsabilidad subjetiva que se tiene de la vida que se ha vivido y se está viviendo, como consecuencia de éste análisis debería surgir una conciencia ciudadana.
 Lo que realiza Freud en su clínica es que el analizando pueda acceder a la crítica del alma bella hasta lograr su reversión. Con lo que sería una consecuencia entre muchas otras del proceso analítico que surja la posibilidad de tener una conciencia (en el sentido hegeliano) que cuestione sus certezas y sus circunstancias. Una persona que conozca el sentido amplio sus derechos y sus obligaciones, para la polis, para sí mismo como para la sociedad.
“Ya Plotino hablaba del Alma bella, que es el Alma que retorna a sí misma o es sí misma(Enn., V, 8, 13) […] El concepto adquirió gran importancia en el romanticismo. Hegel lo adoptó en la Fenomenología del espíritu (VI, C, c): el Alma bella es una conciencia que «vive con ansia de empañar con la acción y con el ser la honestidad de su interior»; que al no querer renunciar a su refinada subjetividad se expresa sólo mediante palabras y que, si desea elegir, se pierde en absoluta inconsistencia. Goethe dedica el VI libro de Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister a la «confesión de un Alma bella», y la hacía hablar así: «Yo no recuerdo ninguna orden; nada se me aparece bajo figura de ley; es un impulso el que me guía, siempre justo; yo sigo libremente mis disposiciones y sé tan poco de limitaciones como de arrepentimientos.» El Alma bella es una de las figuras típicas del romanticismo: la encarnación de la moralidad, no como regla o deber, sino como efusión del corazón” (Abbagnano. 1974. pp. 33 y 42)
 Sigmund Freud empleó la categoría de alma bella en "El caso Dora", uno de los primeros estudios que hiciera sobre la histeria a partir de ella da cuenta de la falta de responsabilidad, desconocimiento de lo que provoca, proyecta sus problemas como si fueran la responsabilidad del otro. La histérica se muestra cómo víctima de aquello que proyecta y provoca. La intervención freudiana es directa “¿y tú qué tienes que ver con los problemas que me relatas?”.
 El alma bella proyecta su propio orden, su sistema de valores sobre el mundo, su sentido de supuesta bonhomía lo guía, para tener una imagen de sí misma como bueno, como si se tratara de “una bella persona”, se trata, en realidad, de un regodeo narcisista. Es evidente que el proceso analítico no plantea que el analizante se transforme en un luchador social, ni en un habitante de las vanguardias, sino simplemente en alguien capaz de responsabilizarse de sus problemas, de lo que causa y protestar cuando se pasa por encima de ella, que busque conocer sus derechos y sus obligaciones, alguien que no desee sorprenderse por los problemas y que entonces busque estar informado. El alma bella se encuentre emparentada para Freud con otra categoría que llama: la bella indiferencia, que es la capacidad del auto engaño, de la mentira, para hacer como si las cosas no fueran tan terribles, como si el estiércol no fuera tan apestoso y se tratara simplemente de un asunto de perspectiva.
“[…] la llama Hegel […] el alma bella. Es conciencia, con el fin de mantener la pureza de los principios en su máxima universalidad […] o en su pura intencionalidad, termina renunciando a la acción, o mostrando un des-apego y des-interés por los modos en que la universalidad se puede materializar o encarnar. Esa forma de conciencia subjetiva se proyecta, además, en el mundo objetivo en forma de una comunidad de almas bellas, que constituyen una nueva variante de la ciudad ideal:” (Trias. 2005, p. 87 y 88)
 El alma bella, es una posición en el proceso de la dialéctica de la autoconciencia que Hegel describe en laFenomenología del Espíritu (Hegel, 1807). Es un largo camino el que separa el alma bella del que despierta o del ciudadano, ese concepto empleado por Hegel es usado posteriormente por Freud, para dar cuenta de esa “manera de ser” que huye de la crítica o el cuestionamiento, no acepta ni las confrontaciones y vive en un mundo de ilusiones que se fabrica para no percibir la crudeza del mundo que le rodea, es una de las características del “hombre masa” de Ortega y Gasset, que se adapta dentro de los límites posibles a las diferentes clases de malestar. Este filósofo sostiene que desde el siglo XIX, la velocidad vertiginosa de los cambios científicos y tecnológicos, no se corresponde cualitativamente con cambios en esa misma velocidad y proporción en el espíritu del hombre, ni individual, ni colectivamente, haciéndose siervo de los desarrollos tecnológicos. Como consecuencia de ello el hombre masaaparece como categoría socio-histórica que subsume la desarticulación y desnivel entre la vida de los hombres y sus contextos, es un asunto que puede ser entendido como si la forma se encuentra caracterizada por los vertiginosos cambios técnicos, mientras que el fondo como una comprometida manera de estar en el mundo. El hombre masa, para Ortega y Gasset, es el que no está a la altura de sí mismo, el que simultáneamente es astuto e ignorante, pero que cree saber mucho más de lo que sabe, busca ignorar sobre los males del mundo y de si mismo y desestimar lo que ignora.
 Esta alma bella es la que vive su historia siempre como víctima pasiva de las circunstancias, como si sus problemas obedecieran a conspiraciones de jefes, esposos, hijos etc. No tienen responsabilidad en sus problemas su yo se encuentra hinchado por la vanidad. Se vive como víctima de todos, por lo tanto no puede exigir, sino pedir, y agradecer los favores que se sirvan prestarle. Uno de sus rasgos sería el destacado por Giovanni Sartori con su categoría del homo-videns, atrapado a la especularidad, en lo superficial del mundo; la vida como espectáculo, por lo que tiene un gran peso la frivolidad, el sensacionalismo, la cantidad de emoción más que a la calidad de la misma, suponer que el ser es producto del parecer, para quienes el conocimiento es algo vergonzoso, seres pragmáticos, consumistas, atrapados a las modas y las marcas: el homoinsapiens. Como podemos ver son muchos los autores que intentan describir y explicar la condición de estar en el mundo sin mayor cuestionamiento. El lo que podríamos llamar delirio de infatuación.
“Para Lacan, esto sólo puede facilitar que el sujeto se escude en la posición paranoica del “alma bella” que denuncia el desorden del mundo sin poder advertir su implicación en ese desorden. De ahí su necesidad de problematizar el determinismo freudiano –efecto sobre el fundador del psicoanálisis del discurso de la ciencia del siglo XIX- y su interés por abordar la cuestión de la libertad”. (Gerber 2002)
 Lacan considera que el alma bella es una de las formas más perfectas de visualizar la encomienda principal del yo, encontrando un lugar para juzgar los males del mundo permaneciendo expectante, lamentándose de el impacto en su vida pensando que es sin merecerlo. Una manera de vivir en un mundo que no los mereces.
Lacan retoma aquí ciertos conceptos de Hegel como los de ley del corazón y delirio de presunción, junto con el de alma bella, para señalar una locura virtual del ser humano en tanto que hablante en la medida en que en la locura el sujeto "se cree": la ley del corazónimpone un revestimiento libidinal del yo que implica el borramiento del orden del mundo para constituir ese polo de la libido narcisista que Freud llamó megalomanía. Dice Lacan: "este desconocimiento se revela en la revuelta, mediante la cual el loco quiere imponer la ley de su corazón a lo que se le aparece como el desorden del mundo, empresa "insensata" –no por ser un defecto de la adaptación a la vida (...) sino más bien porque el sujeto no reconoce en ese desorden del mundo la manifestación misma de su ser actual y lo que experimenta como la ley de su corazón no es más que la imagen invertida, así como virtual, de ese mismo ser. La desconoce pues doblemente para desdoblar en ella la actualidad y la virtualidad. Ahora bien, sólo puede escapar a dicha actualidad mediante esa virtualidad". La locura es así un riesgo que amenaza a cualquiera en la medida en que existe una atracción ejercida por una imagen de yo ideal que apunta a una captura negadora de toda mediación de orden simbólico. En la medida en que el yo primordial está en discordancia con el ser y esta discordancia marca la historia toda del sujeto, siempre está abierta la posibilidad de producir una resolución de ella por una coincidencia ilusoria del ideal con la realidad, cuya consecuencia será siempre conmover en sus cimientos mismos al sujeto, desencadenando la agresión suicida narcisista (Gerber 2002)
 Esta manera de vivir negando cualquier responsabilidad frente al malestar, que provoca y se provoca. Pero quizá la manera en que se coloca en el mundo, como si este estuviera para servirse de él, los otros, sus semejantes por lo general son colocados en su sistema de clasificación del mundo en jerarquías inferiores a la suya, desviar la mirada incluso de la miseria del mundo. 
La virtualidad de la locura depende para Lacan de la estructura del narcisismo, dimensión inherente a la existencia del sujeto que puede generar la locura del alma bella y de la ley del corazón como precio a pagar por el intento de eliminar la grieta que es propia de todo ser hablante por ser efecto de la acción del orden simbólico. Por este camino se pretende alcanzar la libertad plena con el desencadenamiento de la agresión suicida del narcisismo; es el recurso extremo de la búsqueda de imponer la ley del corazón en un mundo que necesariamente lo limita. El efecto paradójico que resulta de esa búsqueda radical de libertad es la captura por una imagen mortífera que produce la "negación perdida de sí mismo". (Gerber 2002)
 Se trata de una realidad que se construye a partir de los ideales, de las fantasías, imágenes que como un set cinematográfico están superpuestas al mundo, impidiendo observarlo, sin maquillaje, encubriendo todo su horror, todo su dolor. Esta manera de negación, de mirar de soslayo para no descubrir la evidencia de su propio engaño. Esta ley del corazón, es el centro de toda arbitrariedad, ya que depende de su estado de ánimo momentáneo, son juicios sin argumentos, supone incluso que ni siquiera son requeridos, son los afectos en su más arcaico sentido de la inmediatez, de del sentimiento por eso supone que las cosas son como las supone.
 La relevancia que tiene para la ciencia política y para el psicoanálisis entender esta manera de mantener una frágil existencia que no puede arribar a la amistad o al amor, por lo que se regodea con los cómplices y partenaires, todo en un intrincado cuento de hadas. Existen maneras de estar en el mundo en esa novela rosa proyectada al mundo, el anonimato de los sistemas de las redes sociales por internet, ayuda a mantener una idea de supuesta comunicación con los otros, a través de onomatopeyas, palabras cortadas, caras felices creadas por dos puntos y un paréntesis, etc. Es como si fuera un diálogo, pero es del todo superficial, impersonal y no es cuestionador, no es documentado, no tiene densidad existencial, por lo general es vacío y fofo, con las honrosas excepciones que no hacen más que confirmar una regla.
 El alma bella, con exceso de un ignorante, ingenuo e incongruente optimismo o regodeo pesimista, redunda en un estado que busca la felicidad estereotipada como la de los personajes de las novelas, producto de caber dentro de los parámetros y estándares de lo que significa una vida exitosa. El deseo no está concernido en esta apuesta existencial. Sus coordenadas para clasificar el mundo se encuentran en abstracciones e idealizaciones, con una muy pobre o nula posibilidad de pragmatismo.
 La inclusión del Sujeto-sujetado-al-lenguaje, Sujeto-que-está-sujeto-al-deseo, está constituido por la falta, es esencial para el descentramiento del lugar que tiene el yo y el alma bella, por lo que el Sujeto aparece en la duda, en el cuestionamiento, en el abandono de las certezas, aparece al dar cuenta de la responsabilidad que ha tenido en el rumbo con al que ha dirigido su vida. El Sujeto es efecto del camino que da cuenta de la verdad del deseo.
 La idea de ser un ciudadano, tiene que ver con la inclusión de uno y del otro, de lo propio y de lo extraño, del sentido de comunidad, de “no hacer lo que no te gustaría que te hicieran”, de considerar que “los derechos míos terminan donde comienzan los del otro”. La figura del astuto, que puede no hacer la fila, para llegar primero, es “el lazarillo de Tormes” que es capaz de abusar o pasar por encima de quien sea, sin sentido de culpa, ya que piensa que se hace justicia por su propia mano. “No me den pónganme donde pueda robar”, esta idea es parte del imaginario del servicio público, en el mundo, por eso los partidos de oposición son esa auditoría a los partidos en el gobierno los que se mantienen en el poder. “Conozco muchísimos mexicanos que cumple las leyes”, decía Jorge Castañeda, el antiguo Canciller Mexicano, “pero viven en Estado Unidos”. Efectivamente, la vigilancia y saber que el soborno es prácticamente imposible dentro del personal del gobierno que trabaja en relación directa con los ciudadanos (policías, agentes aduanales o migratorios etc.) es lo que impide el soborno, es lo que hace que los migrantes sigan rigurosamente las leyes. Lo que resulta importante es que para el alma bella, se puede vivir en una condición de doble moral y de discurso, considerando que ésta es la forma de hacer dentro de la idiosincrasia nacional las cosas. La responsabilidad surge como efecto de pagar el precio de la irresponsabilidad, no se puede ser responsable en abstracto.
 Pero la comunidad de almas bellas, que además es alentada a permanecer en esa condición por la cultura de consumo, por los estándares de bienestar social promovidos y establecidos por nuestro proyecto civilizatorio, que conlleva la domesticación de los pensamientos, está bien visto que sean las personas y sus pensamientos sean inofensivos y acríticos. Pero además hay una perspectiva del análisis social y político, que impide ver y examinar la condición de alma bella, y es que intelectuales y académicos creen que el hombre es naturalmente un zoon politikón y un ente social, es decir, que le es propio y consubstancial lo político y vivir en comunidad, lo cual, no sólo es falso sino que se trata de un prejuicio que ha estado presente en el análisis por siglos en las tradiciones hegemónicas del pensamiento humanistas.
 No hay nada más falso que la idea de que el hombre sea un animal social, es verdad que no puede estar solo, pero eso no significa que sea social o que busque la convivencia armónica en sociedad, lo que busca es ser el lobo del otro, si existe la oportunidad de que se abuse o se robe, se abusará y de robará. Hobbes nos advertía que esta es la condición humana en la que la vida social le es ajena y/o artificial, pero constituida esta sociabilidad por aquello que Étienne de la Boétie lo sitúa bajo el principio de “la servidumbre voluntaria”, esto que cabe en “el hombre masa” el alma bella. El alma bella ignorante de su condición y lugar en el mundo, vive rehén de la ferocidad de sus ideales. Un ser caprichoso y sin ideas.
 Lo social en el hombre no puede ser pensado como un principio, sin lugar a dudas ese es uno de los más importantes problemas en las llamadas ciencias sociales y humanas, suponer que la condición humana es naturalmente social, por ello, no se toma en serio a Hobbes, quien propone que no se puede dejar a los hombres solos, “su convivencia no es armónica” y “su naturaleza no los hace buenos” sino todo lo contrario, que para impedir que los hombres hagan lo suyo Bellum omnium contra omnes” (Guerra de todos contra todos), contra esta propensión o naturaleza es necesario crear “una naturaleza artificial” valga el oxímoron, un acuerdo, una condición que impida hacer lo que nos es propio: “matarnos”. Esa figura es el Leviatán. Alguien que resguarde el orden y la paz social.
“Hobbes dice: todos somos iguales. Igual que nuestro padre. Caín. ‘Todos somos capaces de asesinar a nuestros semejantes’ […] Somos iguales porque estamos embarcados en la misma predisposición –igualitaria– hacia el crimen. Y por tanto esta potencialidad criminal es lo que nos emparenta y nivela a unos con otros” (Trías. 2005. p. 41) 
 El terror que nos tenemos los unos a los otros, es la base que lleva a estar juntos, pero cómo no sabemos de manera espontánea y natural estar unos con otros se establece un contrato social, el establecimiento de un orden en el que monopolio de la violencia sea la atribución del Estado, para protegernos de nosotros mismos “Homo homini lupus” (El hombre es un lobo para el hombre), se busca crear un instrumento de Estado, poderoso más que cualquier gobierno, los gobiernos siempre han empleado a los aparatos reales e ideológicos del Estado para perpetuarse como grupo en el poder, como lo constata la “guerra sucia que persiguió y en su defecto asesinó a opositores y disidentes en México durante todo el periodo de más de setenta años de la “dictablanda priísta”. Monopolio de la violencia perdido, que nos regresa a esa condición de terror en el vacío de ese monopolio, que redunda en nuestra indefensión. Son nuevamente los hermanos, “los pares” los que se apoderan de esos vacios de poder y se apropian del monopolio de la violencia, por lo que pueden y buscan someternos, robarnos o asesinarnos. El lobo busca estar con hombres para aprovecharse; los otros los que huyen de los lobos, como las parvadas, los cardúmenes y las manadas busca estar juntos a sus semejantes, a otros hombres para intentar hacerse anónimo, pasar desapercibidos ante los otros, de los depredadores.
 Continuando la tradición freudiana de partir de lo complejo para arribar a lo simple, Laclau muestra que nuestra idea de sociedad, es un ideal que busca leyes homogéneas, conjuntos unificados, es decir existe el deseo de “suturar” y crear la ilusión de que existe una estructura, un principio rector que se ha identificado. “En otras palabras, parte de la idea, basada en el psicoanálisis lacaniano, de que existe un espacio de relaciones entre individuos y grupos que desean alcanzar una sociedad unificada, el Uno lacaniano (Lacan, 2006). Sin embargo, lo que tenemos en realidad es una “totalidad fallada”, el sitio de una “plenitud inalcanzable”. La función que cumplen estos significantes (palabras, imágenes) reside, precisamente, en que, pese a que representan una particularidad, actúan simbólicamente refiriéndose a la cadena equivalencial como una totalidad (Laclau, 1996, 2005).” (Hernán Fair. en Psikeba.com.ar)
 Hernán continúa explorando la propuesta cuestionando a Zizek a partir de Laclau, éste último propone que replantean y le dan otro alcance a la famosa frase “no hay relación sexual” (Lacan, 2006). Lo que me sugiere que el camino seguido puede ampliar su nivel de análisis, entendiendo que no sólo es equivocada la idea de suponernos seres sociales, más aún en la naturaleza misma de lazo entre los hombres, en las relaciones que se establecen, no existe un plano de adecuación, el malestar le es propio, es consecuencia y condición del que los hombres busquen estar juntos, aunque la estructura misma de la relación sea imposible. Entendiendo que es precisamente la imposibilidad de la relación, de las alianzas, que éstas se encuentran esencialmente fallidas, por lo que se cree que es necesario que se establezca “un contrato social”, buscar un apuntalamiento que resguarde eso que es de suyo imposible: la relación entre los hombres, que fallará de igual manera, mostrando que en el centro mismo de la relación se encuentra la imposibilidad, de esta manera es difícil pensar en que exista una contradicción principal como lo pensó Marx en la lucha de clases, en este sentido, entenderíamos que desde el punto de vista económico exista una contradicción principal entre los propietarios de los medios de producción y los que trabajan en ellos. Sin embargo el contexto es más amplio y las determinaciones sociales no son únicamente de carácter económico. El malestar social se expresa por diferentes caminos, es una lucha de todos contra todos, en las que las alianzas son los efectos de condiciones históricas y si estas condiciones cambian los aliados de un tiempo se transforman en los enemigos en otro tiempo, pero en cualquier caso el problema político del que estamos hablando no es un efecto únicamente de condiciones económicas, es desatender los sueños, las aspiraciones, la justicia social y legal, las posibilidades de dialogo. Podemos leer en cualquiera de los titulares de la prensa: “señoras y señores Leviatán ha muerto” ese es el texto que subyace a cualquier otro sobre todo cuando examinamos el sistema político mexicano. Los diferentes gobiernos han mostrado su incapacidad de constituir, propiamente lo que es un Estado, todos son cómplices, llenos de una demagogia electorera, que duele e insulta a la inteligencia. Los gobiernos están más preocupados por mantenerse o buscar el poder que por resolver las causas del malestar social.
 Por eso para seguir viviendo siendo los lobos unos de otros. Los lobos, para pastorear hombres necesitan crear miedo. En nuestras latitudes a partir de la comisión de diferentes clases y variedades de crímenes, pereciera que México se ha nutrido de la experiencia más cruel de la historia de la humanidad y creó el menú diario del horror: coches bomba, fusilar a cientos de migrantes centroamericanos indefensos, entrar a matar en fiestas o centros para el tratamiento de las adicciones, hacer de los convictos sicarios que salían de las cárceles a matar a quien se les ordenaba, figuras como el pozolero que disolvía los cuerpos de los asesinados en ácido sulfúrico, para borrar rastros, el niño adolecente que era temido entre sus propios compañeros con menos de quince años degollaba a sus víctimas, degollar y mutilar como práctica cotidiana, tirar los cadáveres o los miembros descuartizados en las vía públicas, los narcomantas con ahorcados o partes de cuerpos en las orillas de las carreteras, “el mocha orejas” que a sus secuestrados los mutilaba para forzar a los familiares a pagar el rescate. “El Diego” responsable de más de mil quinientos homicidios, los que prendieron fuego a salón de juegos de Monterrey matando incineradas o ahogadas por el fuego a más de cincuenta personas. Etc. etc. etc.
 El miedo y la indiferencia de todos frente a lo sucedido es lo sorprendente, únicamente a quienes la violencia a golpeado de manera directa, que les a escupido a la cara, son los padres de las víctimas los que han alzado la voz, y creado movimientos, y han sido escuchados únicamente aquellos que tenían alguna clase de poder económico o mediático. En la época reciente algunos de ellos: Eduardo Gallo, Alejandro Martí, Nelson Vargas, Javier Sicilia etc. Son algunos de los que en México han dirigido las más importantes protestas contra la ineficiencia de los diferentes niveles de gobierno.
 Las almas bellas, viven la moral del rebaño, son bellos durmientes que buscan no despertar, fuera de todo contexto, fuera de toda responsabilidad. El alma bellahabla de todo menos de sí misma, habla con “palabras vacías” llenas de emoción, podría decir Freud, Una vez que la responsabilidad sobre su destino se le presenta como anagnórisis, entonces pueden salir de esa condición sin mayor complejidad existencial para preguntarse para transformarse en protagonistas de su existencia y de encontrar su papel en la polis, apareciendo ahora lo que Hobbes considera esencial: “el cálculo de las consecuencias” opuesta a las arbitrarias leyes de corazón, y no un automático obrar sin claridad sobre lo que sería nuestro deseo y lo que sería el goce.
 El despertar de ese sueño no es otra cosa que cuestionar y tener distancia de la manera en que representamos el mundo sobre cargado de fantasías y ahora, de hacerse cargo del malestar que nos acompaña y de la responsabilidad que tenemos en la manera en que vivimos nuestra vida, de cuestionar las supuestas metas que como direcciones han orientado nuestra existencia. El psicoanalista es producto de ese pasaje por su propio análisis, lo mismo puede decirse del ciudadano. Quien puede comprender el papel que tiene dentro de la producción del malestar social general, su responsabilidad y contribución en el mismo, y la vías pobres o ricas de colaborar a solucionarlo en la medida de lo posible.
 Permanecer indiferente frente al malestar propio y ajeno es una manera de ser “bellos durmientes” una de las formas en que “las almas bellas” pululan por el mundo. Es una posibilidad de pasar por la vida sin estar y ser en ella. El problema además aparece al despertar, que hace muy clara la pesadilla en que se estaba, muestra que era una simple ilusión, pura apariencia de bienestar, sueños que como vampiros abanican con sus alas refrescando a quien los alimenta, se trata de sueños hematófagos, que hace del despertar una condición cruda, ruda, inhóspita, por lo que no es difícil que sean momento de fácil acceso a la violencia, los que recientemente se despiertan tiene mucho coraje de sí mismos, de quienes fueron, de sus cómplices.
 Los mexicanos podemos vernos a nosotros mismos como esas almas bellas, apáticos, expectantes, sin saber qué hacer, instalados en la queja sin asumir nuestra propia responsabilidad, frente a un sistema que se desmorona delante de nosotros, sin preguntarnos ¿qué tenemos qué ver?, ¿qué podemos hacer?.
 Lo que estamos proponiendo es que en cualquier caso lo que se opone a la actitud ciudadana es un alma bella, los caminos para despertar son variados, sin embargo el psicoanálisis al buscar la responsabilidad que tiene el sufriente en su sufrimiento, pasar de ser una víctima para advertir la manera en que se ha ido construyendo el camino que ha seguido. Aún en los casos en que una catástrofe o un evento impredecible intervienen, el psicoanálisis propone que elegimos, de alguna manera, la forma en que nos colocamos frente a ellos, esas diferencias tienen que ver con las estructuras sobre las que nos posicionamos, es decir, somos responsables de como abordamos y enfrentamos nuestros problemas, independientemente de su naturaleza o características. Con ello, podemos tener claro que si se ha realizado un análisis se arriba a la responsabilidad en la existencia y al lugar en que se coloca frente a su deseo. De tal suerte que no se puede ser responsable de la existencia si uno sino se tiene conciencia del contexto social en el que se vive y no se actúa en de alguna manera. Con lo que el psicoanálisis es uno de los caminos en la construcción de las bases de la conciencia ciudadana, como efecto de encontrar la responsabilidad subjetiva que tiene sobre su existencia.

Bibliografía