lunes, 17 de octubre de 2016

PERON-DISCURSO COMPLETO-17-OCT-1945




Trabajadores: hace casi dos años dije desde estos mismos 
balcones que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado,
 la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino.
 Hoy a la tarde, el Poder Ejecutivo ha firmado mi solicitud
 de retiro del servicio activo del Ejército. Con ello, he
renunciado voluntariamente al más insigne honor al que 
puede aspirar un soldado: llevar las palmas y laureles de 
general de la Nación. Ello lo he hecho porque quiero seguir 
siendo el coronel Perón, y ponerme con este nombre al servicio 
integral del auténtico pueblo argentino. Dejo el sagrado y 
honroso uniforme que me entregó la Patria para vestir la 
casaca de civil y mezclarme en esa masa sufriente y sudorosa 
que elabora el trabajo y la grandeza de la Patria.
Por eso doy mi abrazo final a esa institución, que es el puntal 
de la Patria: el Ejército. Y doy también el primer abrazo a 
esa masa grandiosa, que representa la síntesis de un 
sentimiento que había muerto en la República: la verdadera 
civilidad del pueblo argentino. Esto es pueblo. Esto es el pueblo 
sufriente que representa el dolor de la tierra madre, que hemos de 
reivindicar. Es el pueblo de la Patria. Es el mismo pueblo que en 
esta histórica plaza pidió frente al Congreso que se respetara su 
voluntad y su derecho. Es el mismo pueblo que ha de ser inmortal,
porque no habrá perfidia ni maldad humana que pueda estremecer
 a este pueblo, grandioso en sentimiento y en número. Esta 
verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo 
que marcha, ahora también, para pedir a sus funcionarios 
que cumplan con su deber para llegar al derecho del verdadero 
pueblo.
Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores.
 Siempre he sentido una enorme satisfacción: pero 
desde hoy, sentiré un verdadero orgullo de argentino, porque 
interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento
 de una conciencia de trabajadores, que es lo único que 
puede hacer grande e inmortal a la Patria. Hace dos años 
pedí confianza. Muchas veces me dijeron que ese pueblo a 
quien yo sacrificara mis horas de día y de noche, habría 
de traicionarme. Que sepan hoy los indignos farsantes que 
este pueblo no engaña a quien lo ayuda. Por eso, 
señores, quiero en esta oportunidad, como simple 
ciudadano, mezclarme en esta masa sudorosa, estrecharla 
profundamente en mi corazón, como lo podría hacer con
 mi madre. (En ese instante, alguien cerca del balcón le 
gritó: ¡un abrazo para la vieja!) Perón le respondió: Que 
sea esta unidad indestructible e infinita, para que nuestro 
pueblo no solamente posea una unidad, sino para que 
también sepa dignamente defenderla. ¿Preguntan ustedes 
dónde estuve? ¡Estuve realizando un sacrificio que lo 
haría mil veces por ustedes! No quiero terminar sin lanzar 
mi recuerdo cariñoso y fraternal a nuestros hermanos 
del interior, que se mueven y palpitan al unísono con 
nuestros corazones desde todas las extensiones de 
la Patria. Y ahora llega la hora, como siempre para 
vuestro secretario de Trabajo y Previsión, que fue y seguirá 
luchando al lado vuestro para ver coronada esa era que 
es la ambición de mi vida: que todos los trabajadores sean 
un poquito más felices.

Discurso completo del coronel Perón el 17 de octubre de 1945.
Ante tanta nueva insistencia, les pido que no me 
pregunten ni me recuerden lo que hoy ya he olvidado. 
Porque los hombres que no son capaces de olvidar, 
ni merecen ser queridos y respetados por sus 
semejantes. Y yo aspiro a ser querido por ustedes y no 
quiero empañar este acto con ningún mal recuerdo. 
Dije que había llegado la hora del consejo, y recuerden 
trabajadores, únanse y sean más hermanos que nunca. 
Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse 
nuestra hermosa Patria, en la unidad de todos los 
argentinos. Iremos diariamente incorporando a esta 
hermosa masa en movimiento a cada uno de los tristes 
o descontentos, para que, mezclados a nosotros, tengan 
el mismo aspecto de masa hermosa y patriótica que son 
ustedes.
Pido, también, a todos los trabajadores amigos que 
reciban con cariño éste mi inmenso agradecimiento por 
las preocupaciones que todos han tenido por este 
humilde hombre que hoy les habla. Por eso, hace poco 
les dije que los abrazaba como abrazaría a mi madre, 
porque ustedes han tenido los mismos dolores y los 
mismos pensamientos que mi pobre vieja querida habrá 
sentido en estos días. Esperamos que los días que 
vengan sean de paz y construcción para la Nación. Sé 
que se habían anunciado movimientos obreros; ya ahora, 
en este momento, no existe ninguna causa para 
ello. Por eso les pido, como un hermano mayor, que 
retornen tranquilos a su trabajo y piensen. Y hoy les 
pido que retornen tranquilos a sus casas, y esta única 
vez, ya que no se los puedo decir como secretario 
de Trabajo y Previsión, les pido que realicen el día de 
paro festejando la gloria de esa reunión de hombres 
que vienen del trabajo que son la esperanza más cara 
de la Patria.
He dejado deliberadamente para lo último, el 
recomendarles que antes de abandonar esta magnífica 
asamblea, lo hagan con mucho cuidado. Recuerden 
que entre todos hay numerosas mujeres obreras, que 
han de ser protegidas aquí y en la vida por los mismos 
obreros; y finalmente, recuerden que estoy un poco 
enfermo de cuidado y les pido que recuerden que 
necesito un descanso que me tomaré en el Chubut 
ahora, para reponer fuerzas y volver a luchar codo a 
codo con ustedes, hasta quedar exhausto si es preciso. 
Pido a todos que nos quedemos por lo menos quince
 minutos más reunidos, porque quiero estar desde 
este sitio contemplando este espectáculo que me saca 
de la tristeza que he vivido en estos días."






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El 45 - Parte 2 (15 min)



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